La Torta

By on 4-17-2014 in 2 - Cuentos y Fábulas, Cuentos viejos y nuevos

recopilado por George Webbe Dasent

Érase una vez una buena mujer que tenía siete hijos con muy buen apetito y que estaba cocinando una apetitosa torta para ellos.

Era una torta dulce, de leche y harina, que se iba friendo poco a poco en la sartén; tan gruesa, olorosa y doradita, que era una delicia para los ojos golosos de los niños, los cuales no le quitaban la vista de encima. Su buen padre, sentado más allá, los miraba.

—Dame un trozo de torta, mamá querida, tengo mucha hambre -dijo uno de los niños.

—¡Oh, querida mamá! —dijo el segundo.

—¡Oh, querida y buena mamá! —dijo el tercero.

—¡Oh, querida, buena y cariñosa mamá! —dijo el cuarto.

—¡Oh, querida, buena, cariñosa y dulce mamá! —dijo el quinto.

—¡Oh, querida, buena, cariñosa, dulce y tierna mamá! —dijo el sexto.

 

 

—¡Oh, querida, buena, cariñosa, dulce, tierna e inteligente mamá! —dijo el séptimo.

Todos pedían torta, unos más que otros, pero todos tenían ganas de comer.

—Sí, sí, niños; pero tenéis que esperar un poco hasta que la torta se dé la vuelta

—debía haber dicho “hasta que yo pueda darle la vuelta”

— y entonces comeréis de ella. ¡Mirad qué gorda y esponjosa es!

Cuando la torta oyó esto, se asustó y, en un instante, se dio ella misma la vuelta tratando de saltar y salir de la sartén, pero volvió a caerse dentro, del otro lado. Así, cuando acabó de tostarse por ambos lados y por dentro, y
de endurecerse lo suficiente, saltó al suelo, huyó rodando hacia la puerta como una rueda y se dirigió al campo.

—¡Eh, párate, torta! —Y allá salió la buena mujer detrás de ella con la sartén en una mano y la rasera en la otra, corriendo todo lo que podía y con sus hijos detrás; el buen viejo, aunque cojeando, también los seguía.

-¡Eh!, ¿vas a pararte o no? ¡Cogedla! ¡Párate, torta! —gritaban todos, uno después de otro, mientras intentaban detenerla y cogerla. Pero la torta seguía corriendo, corriendo, y, en un abrir y cerrar de ojos, llegó tan lejos que ya no podían verla porque corría mucho más que ellos.

Cuando hacía un rato que rodaba, se encontró con un hombre.

—Buenos días, torta —dijo el hombre.

—Dios te bendiga, hombre —exclamó la torta.

—No corras tanto —dijo el hombre—. Párate un poco y deja que te coma.

—Si me he escapado de la mujer y del buen hombre y de siete niños chillones, también puedo escurrirme de tus dedos, pillastre —replicó la torta, y se alejó rodando, rodando y rodando hasta que se encontró con una gallina.

—Hola, torta —dijo la gallina.

—Hola, gallina —exclamó la torta.

—Torta apetitosa, no corras tanto. Párate un poco y deja que te coma —dijo la gallina.

-Si me he escapado de la buena mujer, del hombre, de siete niños chillones y del pillastre, también puedo escurrirme de tus patas, gallinita —dijo la torta, y siguió rodando por el camino.

Entonces, se encontró con un gallo.

—Buenos días, torta —dijo el gallo.

—Lo mismo digo, quiquiriquí —respondió la torta.

—Querida torta, ¿por qué corres tanto? Párate un poco y deja que te coma.

—Si me he escapado de la mujer, del buen hombre, de siete niños chillones, del pillastre y de la gallinita, también puedo escurrirme de tus patas, quiquiriquí —dijo la torta, y siguió rodando.

  • cuando llevaba ya otro rato corriendo, se encontró con un pato.

    —Buenos días, torta —saludó el pato.

    —Lo mismo te digo, patito.

    —Querida torta, no ruedes tan deprisa. Párate un poco y deja que te coma.

    —Si me he escapado de la mujer y del buen hombre, de siete niños chillones, del pillastre, de la gallinita y de quiquiriquí, también puedo escaparme de ti —y mientras decía esto, la torta continuaba rodando más deprisa que nunca.

    Cuando llevaba ya un rato corriendo, se encontró con una oca.

    —Buenos días, torta —dijo la oca.

    —Lo mismo te digo, oca —dijo la torta.

    —Querida torta, no vayas tan deprisa. Párate un poco y deja que te coma.

 

 

—Si me he escapado de la mujer y del buen hombre, de siete niños chillones, del pillastre, de la gallinita, de quiquiriquí y del patito, también puedo evitar que me comas tú, oca —dijo la torta.

  • sin dejar de correr como una rueda, se escapó otra vez.

    Cuando llevaba un rato rodando, se encontró con un ganso.

    —Buenos días, torta —dijo el ganso.

    —Lo mismo te digo, ganso.

    —Querida torta, no vayas rodando tan deprisa. Párate un poco y deja que te coma.

    —Si me he escapado de la mujer y del buen hombre, de siete niños chillones, del pillastre, de la gallinita, de quiquiriquí, del patito y de la oca, también puedo escaparme de ti, ganso —dijo la torta, y salió rodando más deprisa que nunca.

    Llevaba otro rato rodando, cuando se encontró con un cerdo.

    —Buenos días, torta —dijo el cerdo.

    —Lo mismo te digo, cerdito —dijo la torta, quien, sin decir otra palabra, empezó a rodar todo lo deprisa que podía.

    —¡No, no!, no necesitas escaparte. Podemos ir juntos por el bosque, que es muy peligroso.

    La torta pensó que quizá tuviera razón, y acomodó su rodar al paso del cerdito. Cuando llevaban un rato juntos, llegaron a un arroyo. Cerdito estaba muy gordo y podía nadar y atravesar el arroyo fácilmente; era muy sencillo. Pero la pobre torta no podía hacerlo.

    —Siéntate en mi hocico —dijo el cerdo— y yo te llevaré.

    Así lo hizo la torta.

    —¡Au! ¡Au! —hizo el cerdo, y se tragó la torta de una sola vez.

    De esta forma acabó el correr de la torta y no pudo ir más lejos.

  • nosotros tampoco.

3 Comments

  1. la parte final no es

  2. también deben aser un resummen 999

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