Pandora

By on 4-24-2014 in 2 - Cuentos y Fábulas, Mitos y leyendas

 

 

adaptado por Nathaniel Hawthorne

Hace mucho, mucho tiempo, cuando este viejo mundo era todavía muy joven, vivía un niño llamado Epimeteo. No tenía padre ni madre y, para que no estuviera solo, una niña (que, como Epimeteo, no tenía padre ni madre) fue enviada desde un lejano país para vivir con él y que fuera su compañera de juegos. Se llamaba Pandora.

Lo primero que vio Pandora, cuando entró en la casa donde vivía Epimeteo, fue una gran caja. Y casi la primera pregunta que hizo fue:

—Epimeteo, ¿qué hay en esta caja?

—Es un secreto —dijo Epimeteo- y no debes preguntarme nada de ella. Dejaron la caja ahí para que estuviera segura. Ni yo mismo sé lo que hay en ella.

—Pero, ¿quién te la dio? —preguntó Pandora—, ¿de dónde viene?

—También es un secreto —replicó Epimeteo.

—¡Esto es ridículo! —exclamó Pandora, haciendo un mohín con los labios— Me gustaría librarme de esta caja.

—No pienses más en ella —dijo Epimeteo—. Salgamos a jugar.

Salieron a jugar, y Pandora se olvidó de la caja.

Pero al volver a entrar en casa, no podía dejar de pensar en ella.

“¿De dónde viene esta caja?”, se decía.

  • a Epimeteo:

    —¿Qué puede haber en ella?

    —Te he dicho cincuenta veces que no lo sé —dijo Epimeteo.

    —Podrías abrirla —insistió Pandora— y no tardaríamos en averiguarlo.

    —Pandora, ¿ qué estás pensando ? —exclamó Epimeteo. Le repugnaba la idea de abrir la caja que se le había confiado para que la cuidara.

    —Por lo menos —dijo ella— podrías decirme cómo llegó hasta aquí.

    —La dejaron en la puerta —explicó Epimeteo- poco antes que tú llegaras; la trajo una persona vestida de un modo extraño. Llevaba un gorro hecho en parte de plumas que parecían formar dos alas.

    —¡Ah, ya sé quien es! —dijo Pandora—. Se trata de Mercurio; es el mismo que me trajo aquí, junto a la caja. No hay duda que la caja me pertenece y, probablemente, contiene hermosos vestidos para que yo me los ponga o juguetes para los dos, o algo muy rico para que lo comamos ambos.

    —Quizá —dijo Epimeteo, volviéndose—. Pero, hasta que Mercurio regrese y no diga que podemos hacerlo, ninguno de nosotros tiene derecho a levantar la tapa de la caja. —Y salió de casa.

    —¡Qué niño tan estúpido! —se dijo Pandora.

    Comenzó a mirar la caja. Era de bonita madera negra, tan pulida que Pandora podía verse reflejada en ella.

    Había una hermosa cara grabada en el centro de la caja, y Pandora la miró repetidamente; le parecía a veces que aquel rostro le sonreía, mientras que otras veces su expresión era tan seria que le asustaba.

    La caja no tenía llaves ni cerraduras, como suelen tener todas las cajas, pero estaba atada con una cuerda de oro.

    Pandora se dijo: “Si desato la cuerda, seguramente podré volver a atarla después. No habrá peligro. No necesito abrir la caja, aunque el nudo se deshaga”. Entonces, por puro accidente, dio un tirón a un cabo de la cuerda de oro y el nudo se desató como por arte de magia; y allí quedó la caja, sin nada que la atara.

    “¡Oh!, ¿qué dirá Epimeteo cuando vea que el nudo se ha deshecho? —se dijo Pandora— Sabrá que he sido yo. ¿Cómo le convenceré que no he mirado dentro de la caja?”

  • entonces se le ocurrió pensar que ya podía abrir la caja, puesto que él, de todos modos, pensaría que lo había hecho.

    La cara de la tapa se sonrió, como diciéndole que no había peligro alguno en levantarla. Entonces le pareció oír unas vocecillas que suspiraban dentro de la caja.

    —¡Déjanos salir, Pandora! —decían—. ¡Déjanos salir, nos divertiremos mucho jugando contigo!

    “¿Qué podrá ser? —pensó Pandora— Hay algo vivo en la caja. Voy a echar sólo un vistazo y cerraré en seguida la tapa. Seguro que no hay ningún peligro en hacerlo.”

    Mientras tanto, Epimeteo, que había estado jugando con otros chicos, decidió volver adonde estaba Pandora. Se detuvo a coger unas rosas, lilas y flores de naranjo para confeccionarle una guirnalda a Pandora. Epimeteo llegó a la puerta de la casa y entró sin hacer ruido porque quería dar una sorpresa a su amiga. Cuando llegó a la puerta, la niña acababa de poner sus manos en la tapa y estaba a punto de abrir la caja. Si Epimeteo hubiera gritado, probablemente Pandora habría dejado caer la tapa. Pero Epimeteo, aunque no lo manifestara, sentía tanta curiosidad como Pandora por saber qué había en aquella caja. Y si encerrara algo precioso o de mucho valor, pensaba quedarse con la mitad. Casi era tan necio y culpable como ella.

    Un gran trueno resonó fuera, pero Pandora ni se dio cuenta. Levantó la tapa y miró hacia su interior. Una manada de criaturas aladas salió volando de la caja y paso rozándola. Oyó entonces la voz de Epimeteo que decía, como si algo le doliera:

    -¡Ay, me ha picado! Pandora, niña mala, ¿por qué has abierto esa caja diabólica?

    Pandora dejó caer la tapa y quiso saber qué le había pasado a Epimeteo.

    Oyó un gran zumbido, como si moscas y mosquitos de gran tamaño volaran por la habitación. Descubrió una multitud de pequeñas sombras muy feas, con alas como de vampiros, provistas de terribles aguijones en la cola. Una de éstas había picado a Epimeteo, y pronto Pandora comenzó también a chillar de miedo. Un feo y pequeño monstruo se había posado en su frente, y le hubiera picado, sin duda, si Epimeteo no hubiera corrido a espantarlo.

    Poco imaginaban los niños que aquellas criaturas feas formaban toda la familia de los males de la tierra. Allí estaban los enojos, las preocupaciones de todas clases, las penas sin número, enfermedades de muchas formas dolorosas, y, en fin, tantas clases de males que nadie podría enumerarlos. Todos los dolores y pesares que afligen a la humanidad se habían reunido en la misteriosa caja entregada a Epimeteo y a Pandora para que, mientras ellos los guardaran encerrados, vivieran como dos niños felices y nada en el mundo pudiera molestarlos. Si hubieran cuidado de la caja como debían, nadie hubiera estado nunca triste, ningún niño hubiera tenido que derramar una sola lágrima.

    Los males alados salieroñ por la ventana y se esparcieron por todo el mundo. Hicieron que la gente se sintiera tan desgraciada que, durante muchos días, nadie pudo sonreír.

    Mientras tanto, Pandora y Epimeteo se quedaron en la casa. Epimeteo se sentó en un rincón, dando la espalda a Pandora. Ella apoyó la cabeza sobre la caja y lloró amargamente.

    De pronto, se oyó un ligero golpe en la tapa de la caja.

    —¿Qué será esto? —dijo Pandora, levantando la cabeza.

    Parecían los nudillos de una mano de hada que golpeaban suavemente dentro de la caja.

    —¿Quién eres tú? —preguntó Pandora.

    Una voz suave habló desde dentro.

    —No tienes más que levantar la tapa.

    —¡No, no! —respondió Pandora—. Ya he tenido bastante con levantarla antes. Hay demasiados hermanos y hermanas tuyos volando por el mundo.

    —¡Oh! —dijo la voz de nuevo—, no son hermanos ni hermanas míos. Vamos, vamos, Pandora, déjame salir.

    La voz parecía tan dulce y cariñosa que Pandora y Epimeteo levantaron juntos la tapa. De allí salió una criatura, un hada brillante y sonriente. Voló hacia Epimeteo, le tocó suavemente el lugar donde el mal le había picado y, al momento, el dolor desapareció. Después, besó a Pandora en la frente y su daño también se curó al instante.

    -Dime, ¿quién eres, hermosa criatura? —preguntó Pandora, mirando con asombro al hada.

    —Me llamo Esperanza —dijo la figura—. Me metieron en la caja para consolar a la gente cuando la familia de los males volara libre por el mundo.

    —¿Y te quedarás con nosotros siempre? —preguntó Epimeteo.

    —Mientras viváis —dijo la Esperanza—, prometo que nunca os abandonaré. A veces me volveré invisible a vuestros ojos y os parecerá que me he ido para siempre. Pero, quizá, en el momento menos pensado, veréis el brillo de mis alas en el techo de la casa.

    • desde entonces, los males han estado volando siempre por el mundo y no han cesado de atormentar a los hombres; pero, siempre, la Esperanza ha venido a traer alivio y descanso.

One Comment

  1. me parecio muy bueno el cuento o lñibro de pandora hasta lo copie en mi computadora pára lerselo a mi prima de 4 años espero que allan mas cuento fabulas etc asi como esta

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