El pastor y el lobo

Posted By Manuel on Abr 11, 2014 | 0 comments



por Esopo

Un pastorcillo cuidaba cada día sus ovejas mientras éstas comían hierba. Pasaba el rato lanzando piedras y viendo hasta dónde llegaban, o mirando las nubes para ver cuántas formas de animales distinguía.

Le gustaba mucho su trabajo, pero hubiera deseado que fuera algo más divertido. Y un día, decidió gastar una broma a la gente del pueblo.

—¡Socorro, socorro! ¡El lobo, el lobo! —gritó muy fuerte.

Al oír los gritos del pastor, los hombres del pueblo cogieron palos y bastones y corrieron para ayudar al niño a salvar sus ovejas. Pero cuando llegaron, no vieron ningún lobo. Sólo vieron al pastorcillo que lanzaba grandes carcajadas.

—¡Os he engañado! ¡Os he engañado! —decía.

Los hombres pensaban que era una broma muy pesada. Le advirtieron que no volviera a hacerlo, a menos que, verdaderamente, estuviera allí el lobo.

Una semana después, el pastorcillo volvió a gastar la misma broma a la gente del pueblo.

—¡El lobo, el lobo! —gritó.

Una vez más, los hombres corrieron a ayudarle y no encontraron lobo alguno; sólo al chico, que se reía de ellos.

Al día siguiente llegó de verdad el lobo de la colina para devorar unas cuantas ovejas gordas.

—¡El lobo, el lobo! —gritaba el pastorcillo con toda su fuerza.

Los hombres del pueblo oyeron sus gritos de socorro y se rieron:

—Trata de gastamos otra broma —dijeron—, pero no nos engañará.

Finalmente, el chico dejó de gritar. Sabía que los del pueblo no le creían. Sabía que no iban a acudir. Todo lo que podía hacer era quedarse allí, viendo cómo el lobo devoraba sus ovejas.

Al que dice mentiras, nadie le cree, ni aun cuando diga la verdad.

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