El Mundo de Los Niños


Bienvenidos a mi homenaje personal a una de las experiencias más maravillosas de mi infancia: La Enciclopedia «El Mundo de los Niños».

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La Expectativa

Corría el año de 1983 y con tres años de edad, comenzaba a acumular algunos de los primeros recuerdos nítidos que aún conservo en mi vida. Una recién diagnosticada elevada capacidad cognitiva para mi edad, que en palabras de mi mamá se traducía también como tener un hijo «superdotado», motivó a mis padres, ambos maestros de primaria, a buscar la manera de procurarme la mejor estimulación metal posible dentro de sus limitados recursos económicos.

Mi padre, quien años antes había sido despedido de su trabajo como docente por participar en actividades sindicales, había tenido que trabajar durante un tiempo como vendedor de libros de texto educativo y poseía una copiosa colección de esos textos, así como una gran enciclopedia de 1970 llamada Enciclopedia Cumbre, sabía que ninguno de esos libros cautivaría mi inquieta atención, máxime cuando para ese entonces, la televisión a color arrebataba ferozmente la atención de la niñez colombiana, de las manos de los clásicos libros para niños como Nacho Lee, La Cartilla Charry o «La Alegría de Leer».

Fue entonces cuando un promotor literario (eufemismo para vendedor de enciclopedias) de la editorial española Salvat, visitó a mi Padre en la sede del sindicato distrital de maestros y le habló sobre la enciclopedia que se había convertido en éxito en ventas en España y que ahora había llegado a latinoamérica para quedarse: El Mundo de Los Niños.

Luego vino la visita a domicilio que recuerdo con claridad ya que por primera vez tenía en mis manos un libro que llamaba poderosamente mi atención. Con sus brillantes páginas, coloridos dibujos, grandes fuentes e interesantes contenidos, fue amor a primera vista. Me recuerdo señalando imágenes, leyendo párrafos en voz alta y pasando páginas a toda velocidad mientras mis padres me miraban sonrientes y los vendedores los contemplaban a su vez, no con menos alegría.

De aquella visita me quedaron la expectativa por tener pronto en casa la nueva enciclopedia para devorarla completica y una alcancía que era la réplica en miniatura de uno de sus libros.

Un nuevo integrante de la familia

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Pasaron algunos días, probablemente un par de semana hasta el día en que finalmente llegó a nuestra casa la caja de cartón con letras azules que contenía 15 libros de tapa beige que se convirtieron desde aquel momento en un integrante más de la familia, maestra, compañera y diversión ilimitada, sin necesidad de cables, electricidad, sistemas operativos ni pagos mensuales (Bueno, salvo por los 12 meses que duraron pagándola mis papás).

Son muchos los recuerdos que podría detallar: Mi papá leyendo los cuentos y fábulas del tomo 2, haciendo las voces de los personajes, horas de diversión con los juegos del tomo sobre las Plantas, descubrir el mundo a través de «Cómo funcionan las cosas» y el Universo gracias a «La Tierra y el Espacio».

 

La Búsqueda de la Nostalgia

Muchas horas de diversión que se convirtieron en nostalgia a principios de 2014 cuando le contaba a mi esposa acerca de aquellos amigos de tapa dura que contribuyeron a una muy feliz infancia. Me pregunté a dónde habría ido a parar la colección y comencé a seguirle el rastro desde la última vez que la vi en la biblioteca de nuestra antigua casa en el barrio Gustavo Restrepo en Bogotá, por allá en 2006.

Abandonados por mi y mis hermanas y sin haber logrado ganarse el amor de mi hija y mi sobrino, los queridos libros fueron a parar a un hogar infantil veredal en el municipio de Fómeque, Cundinamarca, de donde mi madre es oriunda. Allí seguramente continuaron haciendo felices a muchos niños y niñas de la vereda. Pero el hogar no existe ya, así que probablemente la enciclopedia se encuentre en la casa de alguien, o tristemente, tal vez en algún relleno sanitario.

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Al no ver posible la opción de recuperar mi antigua enciclopedia, comencé a buscar por Internet y en sitios de compraventa virtual, quien tuviera una colección a la venta, pero no sólo no encontré más que un par de vendedores en la red, sino que las fotografías que publicaban, mostraban los textos en un estado lamentable. Decidí entonces buscar junto con mi esposa  una enciclopedia en buen estado en alguno de los almacenes de compraventa de libros usados del centro de Bogotá. Luego de preguntar en muchos lugares, encontrar algunos ejemplares sueltos y bastante defectuosos y a punto de abandonar la búsqueda, pregunté por ella a un vendedor que se encontraba en la entrada de una bodega, y la respuesta del comerciante captó mi atención: «Si, creo que tengo una en buen estado, espéreme aquí».

La expectativa durante los 15 minutos que tardó en regresar el vendedor fue similar a la que se siente cuando se está esperando en un café, el reencuentro con un amigo de la infancia. Cuando finalmente se presentó con los libros, noté para mi sorpresa que se trataba de exactamente la misma edición que tuve 30 años atrás y que el estado de los tomos era bastante aceptable, quizás mejor que en el que recuerdo haber dejado mis ejemplares en la mayoría de los casos y finalmente, un precio que apenas llegaba a un tercio de lo que yo esperaba encontrar por una obra en similar estado, y hasta 10 veces menos que algunos ejemplares que vi rondando en la red.

Cómo Nació www.ElMundoDeLosNinos.org

Al llegar a mi casa y mostrarle la enciclopedia a mis padres, se me ocurrió pensar en que tal vez muchas personas en toda latinoamérica habrán emprendido una búsqueda similar a la mía, y quizás no habrán tenido la misma suerte. Otros tantos, recordarán con cariño la obra y habrán buscado en Google con la esperanza de encontrar alguno de los textos pero como yo, habrán concluido que no existe tal cosa.

Entonces decidí hacer el trabajo sucio y traer El Mundo de Los Niños a la era digital, no sólo para los nostálgicos como yo, sino también para las nuevas generaciones, que podrían encontrar en esta obra la magia que yo encontré en mi infancia y que cultivó mi interés por las ciencias, la naturaleza, la tecnología y la literatura.

Este esfuerzo valdrá la pena si en algún lugar del mundo, alguna madre o algún padre, utiliza alguno de los contenidos de este sitio web para leer un cuento antes de dormir a su hija o a su hijo, si algún chiquillo se interesa y empieza a explorar todos los tomos virtuales o si algún nostálgico se sienta con sus padres a recordar los buenos tiempos en la compañía de las letras y gráficos de la enciclopedia.

El sitio no tiene ningún ánimo de lucro, no tiene ningún costo y la única donación que espero recibir, son los comentarios de los lectores en cada una de las páginas de esta página – homenaje al fantástico Mundo de Los Niños.

Con aprecio,

Manuel Ricardo Ávila Rincón